La Serpiente Emplumada: el Dios traidor

¡Hola de nuevo, lectores!
El otro día, cuando escribí la entrada Leyendas de Irlanda, Sandra Riverol me preguntó en un comentario acerca de la cultura prehispánica. La verdad es que no sabía demasiado sobre el tema, y por eso decidí buscar información sobre ello. El mito que os dejo (como siempre, narrado a mi manera) lo conocía vagamente por un trabajo que hice en segundo de la ESO. Espero que lo difrutéis.
 
Imagen sacada de Deviant Art

Quetzalcoatl, Kukulcán o, simplemente, la Serpiente Emplumada. He recibido muchos nombres a lo largo de mi vida; no en vano, he vivido mucho, quizá demasiado.

Fui yo el que creó y recreó a los humanos desde cero cuatro veces antes de dar con la fórmula correcta; incluso utilicé mi propia sangre para poder dar vida a esos seres tal y como los había deseado desde un inicio. ¿Y de qué ha servido todo eso? Todos mis sacrificios me han llevado a estar perdido en esta negrura, exiliado a causa de la traición de mi propio hermano.

A estas alturas puede que ya sepáis quién soy y cuál es mi historia. Para los que no lo sepan, yo soy un Dios, el único que se atrevió a buscar la justicia entre deidades y humanos, y que fue desterrado por ello. Así fue como todo comenzó…


En el albor de los tiempos, Dioses y humanos convivían en armonía, pero aquello no era más que una ilusión. La realidad era muy diferente; y es que las personas vivían oprimidas por el yugo de los Dioses, aunque no eran capaces de verlo. Así, esta situación continuó un tiempo, hasta que no pude soportarlo más y decidí actuar en pro de los humanos a los que había creado.

Bajé al mundo terrenal, y me desprendí de mi aspecto de serpiente con plumas para adquirir una apariencia humana. Camuflado por mi nueva forma, pude transmitir mis conocimientos a aquellas criaturas tan atrasadas. De este modo, descubrieron la agricultura, la alfarería y la orfebrería, dejando atrás la pobreza y ganando cada vez más la dignidad propia de los Dioses.

Sin embargo, el mayor cambio que realicé durante mi corta estancia en el mundo de los hombres no fue ninguno de ellos. En aquella ocasión no otorgué ninguna nueva técnica o conocimiento; de hecho, mi mejora consistió en una prohibición. No pude más que horrorizarme al presenciar aquella barbarie: un sacrificio humano para el culto de un Dios, y no de uno cualquiera; la ceremonia iba dirigida a mi propio hermano, Tezcatlipoca. No dudé en detener aquello, y la tradición quedó vedada.

Creo estar en lo cierto al sospechar que fue aquello lo que más enfadó a las demás deidades, tanto que decidieron ejecutar su venganza contra mí, y fue el mismo Tezcatlipoca quien la llevó a cabo. Así, descendiendo al mundo terrenal con forma humana, consiguió engañarme con un falso obsequio: un licor cuyos efectos desconocía.

No me enorgullezco de lo que hice en el estado de profunda embriaguez que causó aquel brebaje. Espero que no me juzguéis si confieso haber tomado a una de las castas mujeres del templo. Cuando recobré la cordura y hube recordado mis terribles actos, decidí abandonar aquel mundo que, al intentar salvar, no pude evitar contaminar. Sin poder permanecer allí por más tiempo ni regresar al mundo divino, donde nunca más sería bien recibido, confeccioné una balsa con serpientes, aquellas nobles criaturas que imitaban mi forma sobrehumana. Y así fue como partí al exilio, en busca de redención por mis pecados, no sin antes prometer a la humanidad mi regreso, que traería al fin la justicia que tanto ansiaba conseguir.


Ahora estoy solo, oculto en la oscuridad de las aguas que se extienden más allá de la puesta de sol, aguardando el día en que al fin pueda retornar y romper el yugo que esclaviza a los humanos bajo el cruel designio de los Dioses.


Gracias por leer y déjate llevar por la fantasía...

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